Toma un hilo de López Torres

Bienvenido al laberinto amigo.

Toma un hilo, sin miedo, da clic, piérdete en las redes, en el macrotexto. No tomes la primera opción, toma la más inadecuada, a la que solo puedes entrar esforzándote.

Aún en lo entrañable del mar, en la profundidad de la tierra, en el escalar por un fruto fresco se encuentra la dicha de gozar el día, porque no es la misma era, no es el mismo caudal por el que el hedonismo atraviesa.

Bienvenido al laberinto, amigo. Usted que confundido mira en el suelo cientos de hilos, ¿se pregunta por azar si por allí ha pasado Teseo? Y se hinca para darse cuenta que un solo Teseo no pudo haber hilado este paradigma.

Quién, te preguntas con exaltación, con admiración observas la infinitud buscando una culpa, un culpable y casi fallas en decir que es un poder, ¿UNO?, una fuerza, ¿UNA?

Entonces comienzas a entender cuán inmensa es la composición de este espacio, qué tanto y qué función cumplen algunas de sus partes en esa aparente unidad inefable, y te preguntas, y seguirás preguntando, si esa fuerza mayor que mueve galaxias enteras es independiente del corazón de un colibrí.

Volverás a ti para entender que también de ti depende, que no es una proyección inevitable y con un destino fijo en nuestros ojos, volverás para entenderte pero te detendrás en la complejidad de tu universo que parte de sí para entenderse; hinchado, inflado.

Ah, paradoja. Pues, al partir del exterior la fuerza del entorno estrecha nuestra vida a ciclos, a espirales que a veces ni suben ni bajan, se vuelven círculos.

Quién, de los primeros, habrá de revelar su secreto, alzar la voz y decir la clave de su grandeza… Perecerá con una sonrisa que ya putrefacta seguirá burlándose como lo hacen los dioses…

¿Quién robará el fuego de la inteligencia? Esa pregunta ya fue contestada, ese dilema ya fue resuelto.

La duda hoy es, ¿quién se atreverá a asumirse un oído de su propia especie? ¿quién dará presencia a las ideas de alguien ausente? ¿quién otorgará su acento, su tiempo y timbre a otro humano desconsideradamente?

Como quién le otorga una moneda al hambriento, una página se escribió bajo el temor de que el hongo, el fuego, y la prohibición la deshiciera.

De allí que el pensamiento humano se resguardara en el hechizo de la lengua.

Aunque la pregunta siempre sea qué hacer con el minotauro, salir o quedarse, surgirá al filo de la palabra un desvarío, una última ocurrencia que se escape a toda disciplina.

Así son los hilos también, tienen distintos colores y tonos, recorren diferentes senderos pero lo que importa es su fin y rol dentro del laberinto.

 

 

Ensayo literario breve

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